Presentamos en este espacio las palabras leídas en la Misa del entierro del Padre Miguel Ángel, palabras con las que se despidieron los restos físicos del amado Párroco.
En este momento, el difícil instante de la partida de un ser querido, debemos despedirlo, pero el adiós debe ser como fue su vida, de entrega y confianza plena en Dios.
Lo que sí queremos es decirle: “Gracias, Padre Miguel Ángel, por tu entrega; guiaste nuestros pasos y nos enseñaste a conocer y a amar a Dios.
Es difícil hablarle al padre espiritual de esta comunidad parroquial, la que te tocó llevar por los caminos de Dios Trino.
Esta parroquia, primero pequeña y que luego desbordaste con la evangelización hasta llevarla a otros límites como La Esperanza, La Mendieta , todos sus lotes, tus visitas a los cerros donde tuviste que moverte a caballo, a pié o en camioneta, llevando la palabra y ordenando lo que estaba fuera de lugar , brindabas los sacramentos en medio del monte. No tenías descanso, todo era poco para tu entrega a Dios y a tus hermanos, nada querías para vos de las cosas de este mundo, tenías marcado tu rumbo que eran tus votos de pobreza para la gloria de Dios.
Quizás Dios quería probarte para ver hasta dónde le eras fiel, cuándo le dirías no, pero tomaste el sayo de pastor y te pusiste al frente del rebaño que él te encomendó para que lo apacentaras, lo cuidaras por el camino de la verdad y de la vida, guiándolo hacia el señor.
Aprendimos, tus hermanos, a verte todos los días con una palabra de aliento, broma o consejo, fuiste armando poco a poco lugares de oración, para tener a tu comunidad reunida y hablando del señor.
Te vimos llegar joven con ansias de trabajar y salvar almas para el Señor, no abandonaste tus esfuerzos ni si quiera cuando la carga de tu enfermedad te resultaba pesada, todo fue para la gloria de Dios.
Fuiste el bastión de amor para Dios y la fortaleza para los que te rodeaban, tus desvelos fueron muchos, bien sabías decir “no sé si estaré haciendo las cosas para Dios como corresponde, tengo miedo de llegar a él y que así no sea” pero los que estábamos con vos, tu parroquia, y veíamos tus esfuerzos sabemos que Él te está premiando con la visión de su rostro resplandeciente de gloria y que compartes junto a María y todos los Santos. Tus sufrimientos terminaron, el premio ya es realidad.
Este hombre santo de quien hoy nos separamos dejó en cada uno de nosotros una huella imborrable: la del evangelio que predicó, y que ahora nos toca a nosotros difundir por nuestro alrededor. Padre Miguel, estarás siempre en nuestra memoria y en nuestros corazones. Nuestra descendencia sabrá de vos porque tu cariño, tu mirada decidora, tu voz ronca, tus bromas, tus chirlos afectuosos, y tu sabiduría serán trasmitidos por el amor que te tenemos.
Hoy cantas junto a los Santos, ángeles y todo el cielo, la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Te damos gracias por tu comprensión y humildad, perdonanos si no supimos hablarte y hablar de todas tus enseñanzas, entregaste tu vida para hacer de nosotros un rebaño ideal, quizás no respondimos a tu llamado para presentarnos al Señor como el buen pastor que fuiste y que cumpliste con lo que el Señor te confió.
Hasta pronto hermano y Padre espiritual de esta comunidad que supiste fortalecer con tu ejemplo, enseñándonos el camino de la santidad, viendo al Santo que teníamos a nuestro lado y recién nos estamos dando cuenta, perdona si en algo te fallamos y sigue siendo el intermediario desde el lugar que Dios te asignó en su gloria para nuestra salvación y el triunfo de nuestro Señor Jesucristo.
Gracias por todo Padre Miguel Ángel, por todo lo que hiciste, por toda tu entrega y por todo el amor que nos diste. No abandones a tus feligreses, te despide la parroquia de San Andrés Apóstol, te saludamos en tu desaparición santo varón.